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Ser mujer es la desventaja, en un mundo donde el poder es marcadamente masculino, y solo el cuerpo parece concedernos el derecho a existir. Eso sí, sometidas a los impulsos descerebrados del macho. Por eso cuando, con malevolencia, se habla de la feminización de las sociedades, debemos entender que los hombres han empezado a tolerar su ambivalencia sexual y rehacen un discurso que los justifique. Siempre constituyen narraciones desde lo masculino, para mantener el estatus quo.