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Algunos jóvenes padecen el síndrome del desnortado. En especial, los que provienen de familias acomodadas que han proporcionado más de lo aconsejable a sus hijos.

Este cuadro existencial –el del síndrome mencionado- consiste en, habiendo accedido prematuramente y sin esfuerzo a cuantos bienes materiales ofrece la sociedad de consumo, sentirse satisfecho materialmente y, por ende, confuso y quizás hueco ante la necesidad de definir objetivos vitales que den sentido a su existir. El problema reside en no padecer la exigencia imperativa de independizarse para ser adulto, porque no siéndolo ya disfruta de los beneficios que proporciona la adultez.

Así, el síndrome del desnortado genera jóvenes inmaduros con vacíos existenciales impropios que no saben gestionar. Acaso sea, una de las causas de tanta patología mental temprana.

Por ello, realizo un llamamiento a los que gozando de esta situación burguesa privilegiada, padecemos de culpa cuando devolvemos un No a esos púberes tiranos que no hemos acostumbrado a limitar de forma ajustada en su propio beneficio. Queriendo amarlos, confundimos la libertad con el libertinaje, y la necesidad con el exceso de caprichos.

Quienes padecen el síndrome del desnortado son más proclives a la búsqueda de lenitivos que falazmente mitigan el dolor de vivir y, en consecuencia, su nada y su vacío son la equivalencia de nuestra ignorancia emocional y educativa.