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La salud de las personas se halla sometida a los mismos criterios capitalistas que otros aspectos nimios del sistema. Así, los laboratorios farmacéuticos no quieren fabricar un medicamento, que se ha demostrado de alta eficacia, contra el tumor cerebral porque no hay suficientes enfermos que lo hagan rentable. Si, ante esta evidencia de falta de criterios éticos, la política no tiene nada que decir, seguimos desquiciándonos intentando identificar qué es el bien común y si éste se resuelve con un cálculo utilitarista. Si así fuera, la selección de individuos con enfermedades minoritarias conlleva su eliminación subrepticia.