El suicidio como derecho

El suicidio es el acto de quitarse la propia vida, nada aceptado social, ni moralmente, en principio. En primer lugar porque no cesaríamos en controversias respecto de a quién le pertenece la vida que uno se lleva por delante. En segundo lugar por las dificultades de identificar hasta qué punto es un gesto voluntario, fruto de una decisión, o bien un impulso autolítico resultado de la desesperación. Y en tercer lugar –sin pretensión de agotar exhaustivamente el porqué representa un tabú- porque cuestiona a cada sujeto próximo al suicida su responsabilidad en el desenlace trágico, y porque no sería admisible que se extendiera socialmente como un recurso de rebelión, de cansancio, de salida de un sistema que no vela por la vida digna de los ciudadanos.

Respecto a la primera supuesta objeción, y recordando que hasta los personajes de las “nivolas” unamunianas cobraban vida, porque devenían individuos de carne y hueso, me atrevería a decir que la vida es de quien la padece. Y menciono el padecimiento porque intuyo que algún tipo de sufrimiento lleva al sujeto a tomar esa decisión irrevocable. En relación a si la voluntad, el auténtico querer, era acabar con su vida, entiendo que pretendemos saber más que quien toma la decisión de matarse. Probablemente no hay una nitidez en lo que constituye objeto de la voluntad, pero quien menos podemos escudriñarlo somos los otros, los no-yo del sujeto suicida. En cuanto a la responsabilidad que tienen las personas que comparten la vida con el individuo, me aventuro a afirmar que, en casos en los que no existe una situación problemática ni conflictiva que actúe de desencadenante, diría que ninguna. Porque, teniendo en cuenta las condiciones mencionadas, muchas veces no es una decisión que se toma impulsivamente, sino que se fragua a lo largo de la existencia. Finalmente, resulta obvio que una sociedad donde los suicidios abundan está de raíz enferma ella misma, de injusticia, de absurdo, de vacuidad,…

Pero, lo más relevante según mi criterio es que debe ser un acto respetado por la sociedad y creo que incluso auxiliado, cuando un sujeto mantiene esa convicción de forma permanente lo que está demandando es la eutanasia y si ésta se admite en algunos Estados para enfermedades incapacitantes o terminales, quizás tenga el mismo derecho aquel que ha constatado que la vida no merece la pena, y esta percepción subjetiva no puede ser nunca objeto de debate público. Cada uno recurrirá a quien pueda o no, para contrastar si así lo desea su decisión.

No desearía que se tergiversaran estas palabras y alguien hábil retorciendo el lenguaje insinuara que estoy haciendo apología del suicidio. Sé, he tenido noticia de páginas de internet que así lo hacen, y lo condeno enérgicamente.

La voluntad es exigir el respeto y ayudar a morir a quien de forma meditada ha tomado esa decisión…porque su vida le pertenece, ya que es quien carga con ella.

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