Personajes confundidos

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Hay personas que por su percepción distante y desajustada de lo que, de facto, se da, de lo que sucede, devienen mentes con una autopercepción casi ficticia de sí mismas. Desde la mirada ajena puede captarse a alguien que representa un personaje, un individuo que se transfigura a sí mismo enfatizando aquellos aspectos más irreales. Así, se les enjuicia de excéntricos, egocéntricos o extravagantes que se muestran rubricando su huella allí por donde pasan.

Entre estos individuos, obviamente, hay narcisistas que buscan la admiración perenne de los otros. Pero, y estos son los que me causan más perplejidad, también aparecen sujetos que menospreciándose insisten en destacar esos aspectos más debilitados, a partir de los cuales configuran un yo escuálido, inseguro, decadente, cuando los hechos evidencian la excelencia y genialidad, de estos, en algún campo concreto de la actividad humana. Su exigencia superlativa les induce a despreciarse, infravalorarse, casi sistemáticamente, mostrándose ante los otros como un despojo inservible.

Sabemos que la mente humana es muy compleja, y funciona con peculiaridades subjetivas difíciles de interpretar en cada caso. Lo relevante, aquí, es que aunque todos podamos distorsionar en algún grado quién somos, en el sentido de las capacidades y aptitudes más significativas que contribuyen a delimitarnos, ¿por qué algunos llevan esta distorsión a una transformación irreconocible de lo que les hace peculiares y dignos de reconocimiento ajeno? Y sigo refiriéndome, claro está a los que siendo excelentes y geniales se afanan por pasar discretamente, y sin ser percibidos, como si sus habilidades fueran nulas, siendo de hecho todo lo contrario. Acaban, de esta forma, conformando personajes –representan su autopercepción- insatisfechos, impotentes que al desplegar su competencia lingüística y el calibre de sus disquisiciones, generan una colisión en el otro, porque lo que capta no se aviene en ninguna medida a lo que se le ha mostrado.

“Ni tanto, ni tan calvo” diría el refranero, porque cualquier desequilibrio exagerado entre la propia consideración y lo puede percibirse externamente, es síntoma de algún padecimiento subyacente que se compensa dramatizándose a sí mismo como sustancialmente lejano de lo que en realidad se es.

Plural: 2 comentarios en “Personajes confundidos”

    1. Pues humildemente creo que cada uno debe juzgar si eso le supone un problema y debe abordarlo o no. A mí me lo parece y si me hallara o no en esa situación,personalmente recurríría a un terapeuta psicodinámico. Pero esto es algo absolutamente subjetivo y personal,….no confío en recetas mágicas de autoayuda barata. Gracias por leerme…

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