Estupidez

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Avezados en los entresijos de la existencia, no permanecemos por ello exentos de conmovernos ante la amplitud de lo posible que deviene acontecer. Y en ese perpetuo e imprevisible estar, podría acometernos una situación insólita, semejante a la que producimos oníricamente y que se no antoja inverosímil. Como, y a modo de ilustración, descubrirnos en tránsito por la pavorosa oscuridad de un túnel, al que ignoramos cómo hemos llegado y, peor aún, cómo nos evadiremos. Rozando prudentemente las húmedas y agrietadas paredes con el propósito de reseguir la vía trazada y, con el ánimo flojeando, de que ese tránsito nos conducirá a buen puerto, y no nos hallaremos, aun peor, en un laberíntico espacio por el que iremos, sin quererlo, trazando circunvalaciones de locura.

La experiencia es un bagaje referencial de lo que se muestra similar, pero inútil ante lo insospechado. Así, creernos sabios del vivir es la estupidez encarnada.

«Dos cosas son infinitas: la estupidez humana y el universo; y no estoy realmente seguro de lo segundo».Einstein.

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