Venezuela, otro episodio más

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No me restan palabras, ni fuerzas, ni hálito para ahondar cansinamente sobre el intervencionismo de EEUU en países de América Latina, porque evoca ecos de pasados trágicos en que este estado, que se otorga el derecho casi divino de decidir quién gobierna y dónde, ha apoyado dictaduras y no precisamente giros democráticos –Chile, Argentina, …- Lo que ocurra en Venezuela deben solucionarlo los venezolanos, de igual manera que en España cargamos con una dictadura de cuarenta años, o en otros países padecen tiranías que bien le parecen ajenas al dios norteamericano. Pero, obviamente ya sabemos, a estas alturas, que ni a Trump le importan los venezolanos, ni a nadie le altera su sensibilidad moral la miseria y tragedia en la que viven los ciudadanos en distintos países. Aquel Estado que interfiere en la situación política de otros, lo hace siempre movido por sus propios intereses –que tampoco sé si son los de sus ciudadanos- Parece ser que hay Estados, y ya es añejo, que tienen bula internacional para hacer lo que les plazca en relación a otros. Sucede con el monstruo americano, con el ruso y ahora se ha añadido el chino.

Que no se interprete que estoy defendiendo el régimen de Maduro, al que conozco superficialmente y siempre filtrado por los medios occidentales. Lo que denuncio, ya por pesadez, y sin ganas casi, es el hecho de que haya quien pueda “meterse donde no le llaman” con absoluta impunidad, mientras que en otros casos una injerencia similar sería probablemente condenada e incluso abortada militarmente con o sin el beneplácito de la ONU.

Los ciudadanos –y habría mucho que analizar de este concepto- no somos ninguna prioridad, sino el deshecho que se usa retóricamente cuando conviene para legitimar lo injustificable. No veo que las hambrunas, guerras y masacres de muchos países de África importen demasiado, ¿no son personas merecedoras de los mismos derechos morales que el resto de los humanos? Bien sabemos que si no hay un suculento y atractivo motivo para preocuparse por ellos, devienen despojos condenados a la miseria más absoluta.

La historia es una hartura repetitiva hasta la saciedad, cuyo rumbo está nítidamente marcado por las decisiones de los grandes gigantes políticos y económicos: no hay derecho internacional que valga, ni sonrojo por parte de los que lo han fulminado, de hecho, con sus acciones y su impunidad. Y, patéticamente, con el silencio por respuesta de organismos internacionales como la  ONU, que de no existir ni nos apercibiríamos. Enhorabuena a aquellos estados como el norteamericano y el ruso que son los que por excelencia han vulnerado todas las reglas de juego, dominando tambíen los foros supranacionales desde los que se toman las decisiones político-económicas más importantes. Los demás, a obedecer.

Plural: 2 comentarios en “Venezuela, otro episodio más”

  1. Buenos días, Ana,
    Creo que es una entrada excelente. Por un momento me ha pasado por la cabeza sugerirle que la envíe a algún diario, pero inmediatamente caigo en la cuenta de que toda, o casi toda la prensa está en el juego que Vd. denuncia.
    Saludos

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