20-N: La ansiada muerte del dictador, Franco.

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La fecha de hoy, veinte de noviembre, se mantendrá en la memoria como un punto de inflexión en la historia de España. Moría, por fin, el dictador Francisco Franco y se avecinaban nuevos tiempos. Personalmente, contaba con solo doce años, pero ha quedado un manto de flores tímidas resguardadas en mi mente, supongo que por osmosis del ambiente de alegría contenida que se respiraba.

Se habría un momento histórico muy confuso y nada claro, en el que se intentó políticamente con pactos, acuerdos, leyes de amnistías y un cierto punto cero, respecto de lo acontecido, que aún arrastran generaciones de víctimas de la dictadura que desconocen que fue de sus familiares y amigos, y que se topan con el muro del silencio y el ocultamiento por parte de la pobre democracia que se fue hilvanando tras cuarenta años de dictadura.

La monarquía, como han demostrado los hechos, parece que fue un mal menor porque en aquellos años el estamento militar no hubiese consentido una democracia en la que el jefe del estado no fuese un militar, es decir el monarca en el que Franco depositó su continuidad. Hoy, sospechamos que fue copartícipe del intento de golpe de estado del 23F y que ha robado a los ciudadanos españoles todo lo que ha podido. Incluso parece ser una lacra que se extiende en la familia real.

A pesar de todo, nuestra democracia aún siendo muy corrupta, no sé si es la más, e incluso la peor democracia europea. Porque lo que está en crisis en estos momentos es el sistema democrático como tal como escenario de una política económica neoliberal. Así que o suavizamos -por no ser ingenua- esta última o las crisis no cejarán de asolarnos y aumentar la pobreza y la injusticia social.

No obstante, nadie puede ya robarnos el sueño vivido por algunas generaciones que creímos que algo nuevo era posible, aupados por esa canción de Jarcha que nos ponía los pelos de punta. Mientras aparecían dictaduras en Latinoamérica como la de Argentina, Chile y Nicaragua, por citar algunas (Videla que cayó en 1983, Pinochet que fue derrocado en 1990, Somoza en 1979) y que aún nos alentaban más a la lucha contra las tiranías, los crímenes impunes. También es cierto que esas realidades del otro lado del Atlántico sirvieron para que nuestra rabia se diera a la fuga por recodos inocuos para el nuevo régimen, y que de alguna manera caímos en la trampa de no indagar en la propia realidad y apercibirnos del precio que estábamos pagando por una democracia, nada democrática en su origen, y que con los años ha ido evidenciando sus fallas como muchas democracias occidentales.

Desearía pues, rememorar por unos instantes aquellas emociones que nos produjo la muerte del dictador, y rendir un homenaje a todas las víctimas de la guerra civil y la dictadura, la mayoría casi anónimas o desparecidas aún. Agradecer su gesto de generosidad y convicción que les llevo a la muerte, a los que así lo hicieron, y lamentar los denominados efectos colaterales que son, por si alguien se ha acostumbrado a esa denominación, personas con rostro y una mirada que nos debe interpelar a todos.

Me despido con la canción de aquel grupo emblemático que fue en los años 70, al menos, Jarcha.

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