Vivo, luego escribo.

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Resistirse a escribir cuando sobreviene un reflujo que expele palabras, es un esfuerzo abocado al fracaso. ¡Hay tanto fluyendo interiormente! A veces, harto difuso y confuso; y es, entonces, cuando despojarse de cuanto se agolpa y nidifica en ese yo atormentado, puede resultar clarificador para quien está sufriendo esa convulsión creativa.

Escribir, expresar, comunicar: para descansar cediendo a la pulsión y espejeándonos en esas palabras sentir una cierta comprensión de esa amalgama de emociones, paradójicas, contrapuestas.

A veces, escribir no es una decisión disciplinaria, sino una necesidad para no implosionar desde las vísceras. Vivo, luego escribo.

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