Sobre «el giro decolonial»

Un comentario

Hay un proverbio parece que, de origen desconocido, aunque haya sido atribuido a algunos pensadores, que reza: “El hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra”. Si nos ceñimos a la literalidad del enunciado puede parecernos supinamente benévolo, ya que nuestro tropiezo es un eterno retorno -al margen, del sentido nietzscheano-, una repetición nada creativa de errores concatenados hasta la saciedad. Trascendiendo esta literariedad, la situación no varía sustancialmente, porque significa que los humanos no aprendemos de la experiencia, en particular de aquellas que han resultado dañinas o perjudiciales para nosotros mismos.  Sería deseable incluir en este proverbio que esta ausencia de aprendizaje comporta también un perjuicio para los otros, aunque este aspecto para algunos sea una cuestión menor.

Esta reflexión pretende introducir otra, que me sugirió ayer una clase magistral de Rocío Salcido sobre el giro decolonial[1]. Sintetizando su exposición, espero que bien entendida, el giro decolonial implica una deconstrucción de las instituciones dominadas por las élites colonialistas, para construir desde las cultural indígenas formas políticas que respondan a su desarrollo propio. En otros términos, el Estado, el poder y la política que se sustancian en un racismo, sexismo y clasismo, impuestos por conceptualizaciones colonialistas, no responden, ni se ajustan a la idiosincrasia de los pueblos nativos de Las Indias. Cabe, pues, recuperar la propia identidad, para que, desde la diversidad de estas, se realice y sirva de fundamento la cultura política cotidiana.

Interpreto, a partir de esta sucinta exposición de lo nuclear que sostuvo Salcido, que América Latina requiere deconstruir lo colonial, para construirse políticamente desde la diversidad de identidades indígenas.

Lo cierto es que mientras atendía a su exposición me cuestionaba si la denominada cultura europea occidental ha tenido alguna vez una identidad única y homogénea. En caso de que así fuere, no creo que esto pueda sostenerse hoy en día, ya que una de las carencias de la vieja Europa es la carencia de identidad

cultural, y sus instituciones se han construido desde las élites que dominaban el poder e intentando homogeneizar al individuo como ciudadano, siempre con un propósito explícito o implícito económico. Luego, la denominada cultura occidental ha sido el terreno fértil en el que se ha desarrollado plácidamente un sistema económico capitalista, el cual ha condicionado cualquier gesto que se nos haya presentado como sociocultural y que tenía en cuenta el bien común. Evidentemente, el concepto de Estado manejado, por el capitalismo, exige para su supervivencia el expansionismo y el imperialismo; tan solo se ha tenido en cuenta la diversidad individual y social cuando el propio sistema ha sabido cómo absorberlo, y sacar rédito de esta performance absolutamente falaz, ya que lo de menos es el respeto y reconocimiento de lo diverso, sino el mercado que esta realidad abría a nuevos mercados.

En este sentido, las cuestiones que pueden aplicarse en Latinoamérica desde este giro decolonial, podrían se planteadas en Europa desde la sociedad al Estado y el poder económico, por ser los ciudadanos con demasiada frecuencia individuos formateados al servicio del sistema. Hay de facto una fractura sociedad – estado que no hace viable tampoco una democracia con garantías. En primer lugar, porque los primeros que nos hemos apercibido de la difícil separación de poderes, para que el poder no sea absoluto y ejercido por élites fantasmas hemos sido los propios europeos, cuyas democracias padecen una fuerte crisis desde hace décadas. En segundo lugar, porque la representatividad no es satisfactoria, acaba inhibiendo la participación política y da lugar al “politiqueo” que nada tiene que ver con gobernar por el bien común. Sin embargo, la democracia directa de momento no parece viable, a pesar de que si hubiese voluntad el desarrollo de las tecnologías daría mucho juego. El mundo funciona, nos guste o no, como una aldea global al servicio de los estrategas geopolíticos y económicos que acaban provocando que los males que padecemos sean cada vez más universales y menos particulares.

Por último, desearía hacer un inciso necesario para deconstruir esa idea recurrente de que occidente se ha desarrollado según su propia naturaleza espontánea. Partiendo del caso que más conozco, los ciudadanos españoles somos el resultado de invasiones imperialistas como la romana, la musulmana, los denominados “bárbaros” de norte. Somos mestizos; un mestizaje que exigiría toda una arqueología étnico-cultural y que no sabemos con que supuestos orígenes auténticos nos encontraríamos, pero que hoy carecen de sentido, en la medida en que somos lo que somos: más morenos de piel y cabello, más rubios y de ojos claros, y hoy en día negros, asiáticos, musulmanes, …

En conclusión, si en Latinoamérica el giro decolonial está convencido de que la recuperación de la identidad indígena permitiría la construcción de formas políticas más adecuadas, comunitarias, etc.…en el denominado Occidente nos es imposible recuperar nuestra naturaleza originaria y, además, podemos considerar utópico que sea posible -excepto casos inusuales de ínfima importancia en un mundo global- construir comunidades políticas que tengan en cuenta, no la identidad, sino el bien común.

Este post no es más que la exposición de las dudas que despiertan estas formas de entenderse a sí mismo como pueblos, si atendemos al panorama global. Lo cual no es óbice, para que se puedan considerar las peculiaridades que se dan en  cada territorio, y merezca la pena pensarlas, conceptualizarlas usando herramientas no colonizadoras. Las cuales, al fin y al cabo, en cuanto sexistas y clasistas nos han oprimido a todos y el racismo y el clasismo tienen mucho en común.


[1] DIPLOMATURA EN FILOSOFÍA POLÍTICA PARA LA TRANSFORMACIÓN SOCIAL . Centro de Estudios Desiderio Sosa.

Singular: 1 comentario en “Sobre «el giro decolonial»”

  1. Lo que al parecer ahora se denomina «giro decolonial» me parece que no difiere mucho de lo que hasta este momento se ha conocido como «política indigenista» en relación a Hispanoamérica, algo que, a su vez, está íntimamente unido a la «Leyenda Negra» sobra la que hace unos días se publicó en este mismo foro (12/12/22).

    Esta política indigenista defendía la postura, según la cual, la división política y administrativa de los países hispanoamericanos, debía rehacerse en base a las tribus y pueblos que ocuparan los diversos territorios. Así, por ejemplo, el actual Chile, debería dividirse en tras países diferentes y la actual Bolivia en unos catorce. Y así sucesivamente.

    Este proceso, también conocido como «balcanización» de Hispanoamérica, surgió como una orden dada a sus miembros (si la memoria no me falla) en el I Congreso de la Internacional Comunista. El objetivo era claro y evidente: la atomización del territorio, era el mejor caldo de cultivo para inocular diferencias, tensiones y luchas.

    Cien años después la historia nos ha enseñado el resultado de la aplicación de esta estrategia de balcanización en hispanoamérica.

    Incluído España.

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