EL CANSANCIO DE EXISTIR

Un comentario

Existir, para los humanos, no es una pasividad que acontece sin más. Implica un esfuerzo, una tenacidad que para algunos deviene algo heroico. Aquellos que están exigidos a actuar para existir son, por un lado, los excluidos por motivos socioeconómicos, raciales o no adaptados a una sociedad que se manifiesta excesivamente rígida y normativizada, y, por otro lado, los que se sienten sin fuerza, cansados de tanto sacrificio.

Expresado, en otros términos, la existencia en las sociedades actuales se sostiene adaptándose a un tipo de vida institucionalizada que indica el camino del buen ciudadano, y va penalizando con el ninguneo a los que se desvían del camino pautado. Nacemos y tenemos por delante los estrechos márgenes de recorrido: una escuela que nos prepare para sobrevivir en esta selva tecnológica, un trabajo mínimamente remunerado para poder subsistir, un continuo velar por no quedarse sin trabajo, jubilarse aspirando a que la pensión te alcance para subsistir.

Obviamente, hay otras alternativas que se alejan de la vía trazada, pero que suponen un riesgo mayor de exclusión y penuria.

Una vez que se es consciente del tipo de existencia por la que luchamos, con todos los impedimentos que van surgiendo, sin casi apercibirnos se va infiltrando hasta la médula ósea un cansancio existencial. Tenemos que esforzarnos tanto en existir, que poco empuje, anhelo y energía nos queda para poder vivir, en el sentido profundo, es decir, que esa existencia sea deseada, gozada y sintamos que podemos expandir nuestro ser desarrollando lo que hace único a cada uno. Vivir es desear existir porque consideramos digna la existencia y logramos vivificarla, disfrutarla y situar como núcleo lo que para nosotros le da sentido -sea lo que sea-.

Sin embargo, las sociedades que hemos ido creando nos exigen tanto para subsistir que nuestro ocio, muy escaso, queda a menudo reducido a un tipo de autocompensación por el esfuerzo para volver a recuperar la energía, que nos permita seguir soportando ese bucle. ¿Dónde queda lo que realmente queremos? ¿Vale la pena una existencia que es subsistencia y poco más, para una gran parte de los humanos, y ni siquiera eso para una mayoría, circunstancia que debería perforar nuestras conciencias?

El cansancio de existir es el efecto de una hiperinstitucionalización de la existencia humana, que falazmente nos hace creer que hacemos lo que queremos, cuando en última instancia, hacemos lo que podemos -que no es lo que anhelamos- e incluso ese poder hacer, a menudo, no es suficiente para subsistir con medios materiales que cubran las necesidades básicas, sin generar continuamente la angustia ante la incertidumbre de si podremos seguir subsistiendo.

Quien suscribe este texto no se halla en esa terrible situación y es, en este sentido, una auténtica privilegiada. Tal vez por ello, perciba las escasas posibilidades que tienen muchos de vivir, con la plenitud que está a nuestro alcance, pero en todo caso elegida.

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