Una reflexión más sobre LA POBREZA

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«El gran aporte de la autora reside en sostener que la pobreza no es un no-ser unívoco, no es una mera privación de recursos o bienes materiales sino una afectación sobre el individuo que puede llegar al deterioro profundo del ser humano concreto considerado en su contexto existencial; toda vida humana tiene, en potencia, la plenitud de realización propia de su ousía, ningún ser humano pierde esa condición, esa posibilidad; pero solo una sociedad ordenada según valores de auténtica solidaridad puede ofrecer el contexto apropiado para que todos sus miembros puedan alcanzarla. A la esterilidad de la stéresis se impone la fecundidad de la dýnamis.«

Victoria Juliá Hurlingham, diciembre de 2020. Prólogo a la obra de Yanina Benitez “Ontología de la pobreza. El concepto de privación en Aristóteles” Editora Cravo.

Nota: en el texto el término ousía hay que entenderlo como esencia -aquello que algo es, cuando es plenamente-. El término stéresis como privación del algo que no se posee, pero puede ser poseído -depende de los factores externos que afectan al individuo- Dýmamis, como potencia, aquello que algo puede llegar a ser por ser propio de su esencia (p.e. una semilla puede llegar a ser árbol)

Este fragmento -ya referido a pie de texto- introduce el problema de la pobreza leído desde la noción aristotélica de individuo. Usaremos términos que no sean propiamente aristotélicos con el propósito de que sea en su conjunto comprensibles, para aquellos lectores no introducidos en el pensamiento del estagirita. Así el individuo concreto es lo auténticamente real y se manera intrínseca se halla, como todo en la Naturaleza, sujeto un proceso, un cambio no azaroso. Es decir, los cambios que se producen en el individuo en sí mismo tienden a que este realice plenamente lo que es, su completitud -usando el ejemplo de la nota, que una semilla llegue a ser el árbol que debe ser, una semilla de roble debe cambiar para dar lugar a un roble, no a un abeto-. En este sentido en la naturaleza todo tiene un telos, un fin propio a que tiende.

Dicho esto, fijémonos que el prologuista refiere que la pobreza no es una privación que solo afecta al aspecto material de la existencia del individuo, sino que implica una privación que deteriora al ser humano -individuo- en un sentido profundo; le impide realizar aquello en lo que consiste su completitud. Sin embargo, solo una sociedad organizada de forma justa y solidaria facilita las condiciones para que cada humano pueda llegar a ser lo que por esencia debería ser.

Es decir, privar a los individuos de algo que no les es intrínseco poseer -los bienes materiales- impide que se realicen como tales, ya que esa privación que solo se solventa por las condiciones externas afecta a lo que en potencia podrían llegar a ser. Esto se entiende si pensamos que ser pobre es estar privado de lo material necesario, en este sentido no se es pobre de forma absoluta, sino que esa privación, en cuanto el humano es un dinamismo que opera desde su potencia, lo es en un sentido relativo y puede ser subsanada siempre que las condiciones sociales y económicas lo permitan; a saber, en una sociedad justa y solidaria.

Hace unos días escribía un artículo sobre qué significa ser pobre y, curiosamente, sin tener conscientemente el pensamiento aristotélico en mente, insistía en que la pobreza no es un estado sustancial, o dicho en terminología aristotélica, no es propio de su esencia. Antes bien, recalcaba la condición adjetival de la pobreza, una cualidad que se otorga a quien carece – o está privado- de una serie de bienes necesarios para subsistir. Así, volvemos a encontrar, esta vez en palabras, que recomiendo consultar, de la filósofa argentina Yanina Benítez Ocampo, esa des-sustanciación de la pobreza que se inocula socialmente en un colectivo de individuos y que se va transmitiendo a menudo de generación en generación como si fuese algo hereditario o consustancial.

En definitiva, decimos No a quien considera que quien es pobre, lo es porque no ha luchado o se ha esforzado en la vida, desmontemos del imaginario colectivo el caduco “sueño americano”. Lo cual no es óbice, ya que son tiempos en los que esta afirmación puede ser mal entendida, para reconocer que en la vida sin esfuerzo, tenacidad y lucha es poco probable conseguir lo que se quiere, y no me refiero solo a bienes materiales, sino a lo que es más relevante: una interioridad forjada en la reciprocidad con los otros, que son los que nos llenan de lo que humanamente nos puede proporcionar cierta felicidad -obviamente con un mínimo de bienes materiales que nos permitan vivir dignamente-

Sirva esta reflexión como un preámbulo más para el I CONGRESO DEL CLUB MUNDIAL DE FILOSOFÍA sobre LA ERRADICACIÓN DE LA POBREZA. (inscripción en el enlace al formulario que aparece al descargar el cartel)

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