La distancia entre dos personas oxigena, sanea y esponja la relación. Es como experimentar la ausencia fáctica del otro para un reencuentro renovado. Sin estos períodos de alejamiento, los vínculos pueden volverse redes asfixiantes que no permitan el cambio, la fluctuación y el reconocerse uno, al margen del otro.
Sin embargo, hay distancias impuestas súbitamente que son huidas vertiginosas de esas telarañas que enredan pegajosamente. No es la mejor manera de vivir una distancia positivamente. El que huye tiene sus razones, el que experimenta el abandono se queda anegado en un interrogante que culpabiliza. Ni el otro sabe, siempre, por qué se aleja despavorido, ni el que resta atónito en su redil entiende qué ha provocado esa fuga.
En lo relativo a lo humano todo puede ser ambivalente, ambiguo y tener diversas lecturas, pero cuando atañe a lo emocional es más sano para todos que la verdad que somos capaces de formular -que nunca es la verdad plena porque se nos escabulle- sea dicha. Lo comunicado puede ser gestionado en el interior de cada uno. Si esa elaboración está sujeta a supuestos, elucubraciones e incertidumbres, afloran sentimientos también de rabia, dolor y deslealtad que difícilmente podemos metabolizar en favor del vínculo.
Las relaciones hay que mimarlas y cuidarlas, porque son dos mundos emocionales que se entrecruzan y entre los cuales la transparencia es crucial.

Muy cierto Anna, bien dices hay que cuidar las relaciones con los otros.
Gracias por el recordatorio,
Lindo y bendecido día.
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vaivén de ausencias y presencias….sentir la ausencia….¿eso es amar?…demasiadas dudas….besos al vacío desde el vacío
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