El infierno terrenal.

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Publicado en octubre de 2018.


¿Hay infierno? Las vida que se despliegan en condiciones siempre adversas e inhumanas, a las que les sobrevienen, como losas gigantes, aconteceres que parecen tener entidad propia y les azotan sin miramiento, ni piedad alguna, durante años, a veces tantos como la vida misma, están habitando un infierno riguroso y único. Pero también, aquellas vidas de sujetos con mentes que ahondan en las profundidades de la existencia misma, que se boicotean posibles miradas reparadoras, que son el rastro imborrable de experiencias pavorosas; esas vidas también tienen lugar en el averno.

Unos y otros parecen víctimas de un castigo eterno, cuya única salida es morir con todo el cuerpo, porque más deseable es este fenecimiento que una supuesta “vida” que no es más que una agonía en el orco.

Y, en consonancia, con esta descripción del infierno en la tierra hallamos a muchos individuos que habitan calles, parques, pero no viviendas; sometidos al capricho de existir a la intemperie, de las inclemencias del tiempo, al acecho de los que se dedican a humillarlos más, si cabe, y despojarlos de toda dignidad.

Hallamos rostros desgarrados en los que se ha petrificado el llanto y parece que carezcan de mirada a consecuencia del horror experimentado. Drones, misiles, ametralladoras a bocajarro que exterminan individuos como derrumban paredes.

Hallamos, pues, que el mayor infierno es existir en la tierra sin ser tratados como humanos con dignidad.

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