Sueños, mismidad y alteridad.

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¿Quién no se ha despertado al alba, abruptamente, braceando en un oleaje indomable? Angustiado por un relato onírico ¡tan explícito! Que no requería bucear en profundidad alguna, abismado por la materialidad que el sueño impone.

Los sueños cumplen esta gran hazaña: despertarnos del pavor reprimido que nos confiere rigidez y ahuyenta la espontaneidad. Afrontando piel con piel nuestro temor, nos liberamos del terror sobrevenido como si fuese ajeno, y convivimos con él hasta ser con él, lo que auténticamente somos. ¿Y qué somos? Seres volátiles que danzan paradójicamente, que desean y no desean, que sufren y disfrutan, que fluyen en su propia vida, esa que no es concebible sin la fluidez de los otros.

Sueños que discurren en la mismidad y la alteridad

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