El exceso de burocracia asfixia la vida.

No hay comentarios

Desde hace unos días aparece un anuncio en la televisión de Catalunya en el que muestran una persona que tiene serias dificultades para hacer un trámite con una entidad privada. La Generalitat ofrece su servicio para ayudar al desesperado ciudadano. Hasta aquí todos reconocemos que esa persona se está hundiendo en el fango de la burocracia.

Lo irónico, e irritante, es que quienes presentan más escollos para hacer ningún tipo de trámite son las administraciones públicas, la Generalitat, por ejemplo. Realizar cualquier gestión se vuelve una heroicidad, enerva hasta el límite al usuario y muchos acaban desistiendo. En el caso en el que se dé cierta interferencia entre la administración del estado y la autonómica, la afrenta se vuelve del todo imposible (como es el caso en Catalunya del SOC, el SEPE, y la Seguridad Social).

La situación actual de excesiva burocratización de la vida social, aumentada por las tecnologías digitales, nos remite inmediatamente al análisis que de la burocracia hizo más Weber. Este consideraba que la burocracia era técnicamente superior a cualquier otra forma de administración. Sin embargo, advirtió que su rigidez y su extrema impersonalidad podían convertirla en una «jaula de hierro. Con esta expresión Weber pretende prevenir de que la racionalización y la burocracia extrema terminarían atrapando a la sociedad en un sistema deshumanizado y carente de sentido.

Es obvio que sus alertas sobre la extrema burocracia son hoy una realidad más patente que nunca, ya que la deshumanización y el absurdo lo experimentan los ciudadanos cuando se encuentran como interlocutor -en el mejor de lo casos, en el peor no atienden el teléfono- a un “robot” cuya programación resulta totalmente insuficiente para dar respuesta a la casuística de la vida, que fluye se expande, es diversa. A menudo contesta un “Bot” para decirte que lo gestiones por la web de la entidad.

Esta situación de abandono y desprecio a la ciudadanía genera mucho malestar, rabia, agresividad y una percepción poco cuestionable de que lo público no atiende las necesidades que son asuntos comunes y que los impuestos que se pagan, en parte, sirven para fortalecer este sistema de cosificación de las personas.

En el ámbito privado estas prácticas también se están extendiendo cada vez más, porque no siendo suficientes los servicios públicos, se acude a instituciones privadas que se ven cada vez más saturadas y ¿qué hacen? Convertirse en una burocracia más.

Además, los servicios públicos y privados excluyen de pleno a los ciudadanos que no son hijos de la digitalización y que no se sienten capacitados, para gestionar mediante un ordenador o un móvil, trámites que de otra forma estarían en condiciones de hacerlo de manera autónoma. Los convierten en dependientes e inútiles porque necesitan de apoyos de familiares de menor edad para que les ayuden a salir del atolladero. Este desprecio de las personas, que no fueron educadas en la mentalidad o cambio de paradigma que han supuesto las tecnologías digitales, es una evidencia más de cómo la sociedad trata a los ciudadanos: si produces, bien, si no busca alguien que lo haga en tu lugar porque tú no vas a poder ni sacar dinero del banco.

La ironía deja de serlo cuando resulta explícitamente insultante. Es una asfixia para cualquier ciudadano que bajo el sistema de citas previas -que es el primer gran problema con el que uno se encuentra, porque en muchas ocasiones no hay-, previa gestión informática, y post búsqueda de documentación digitalizada que, a veces debes solicitar digitalmente, alargando los plazos hasta el agotamiento del contribuyente. Es, visto desde otra perspectiva, la mejor manera de que la ciudadanía evite cualquier trámite, aunque le suponga renunciar a prestaciones a las que tiene derecho.

Una sociedad organizada para satisfacer las necesidades básicas de todos debe nivelarse a las posibilidades de franjas que no son tan difíciles de establecer, y que no necesariamente se fijarían por edad, sino por capacitación digital y cultural.

Topar con la burocracia es de las experiencias más estresantes que hoy sufren los ciudadanos, porque la indefensión es sinónimo de abandono y exclusión social.

Visitad artículo de 2024: https://filosofiadelreconocimiento.com/2024/03/27/la-burocratizacion-como-irracionalidad/

Deja un comentario