EN ESTA NOCHE, EN ESTE MUNDO.
La lengua natal castra,
La lengua es un órgano de conocimiento
Del fracaso de todo poema
Castrado por su propia lengua
Que es el órgano de re-creación
De algo a modo de negación
De mi horizonte de maldolor con su perro/ (…)
No
Las palabras
no hacen el amor
Hacen la ausencia
Si digo agua ¿beberé?
Si digo pan ¿comeré?[1]
Alejandra Pizarnik
Este poema -seleccionado en dos fragmentos- Pizarnik plantea la imposibilidad del lenguaje para el decir sobre la experiencia subjetiva. La constatación de esta limitación de lo lingüístico angustia a la gran poeta -que buscó aliarse con los poetas malditos en París-. Esto lo sintió Kliszt, Nietzsche y otros que la antecedieron al menos un siglo. El desencaje que provoca en la poeta argentina es más intenso que en los dos anteriores, ya que solo le restaba el grito para expulsar su dolor.
Y, además, si el lenguaje es escaso para mostrar una subjetividad, lo es a causa de que “la lengua natal castra”, aquello que con otros términos expresó Lacan. ¿En qué sentido castra? Nos moldea con su poder performativo en cómo debemos ser, qué debemos querer y la autoconciencia sobre nosotros mismo; lo cual, en el fondo, no es más que el uso que sobre cada uno de nosotros se ha hecho del lenguaje para socializarnos conforme a los patrones de la sociedad en la que nacemos, y en particular la familia -son de facto lo que nos atraviesan primariamente con el lenguaje-.
Todo poema surge ya castrado por su propia lengua -dice Alejandra- , como si fuese negado, al vestirse el poema de francés, del español, de alemán, constituye una re-creación de lo que el poema es antes de ser puesto en palabras, pero un volver a crearlo, negando lo que era pre-lingüísticamente. Esto lo muestra, a continuación, al afirmar que “las palabras no hacen el amor, sino la ausencia.”, la negación del amor.
Finaliza el poema cuestionándose si el pedir una cosa implicará su consecución o la acción que se deriva de ella. Agua/beber. Pan/comer.
Aquí subyace desde la materialidad de lo que menciona, su desesperación por tener la convicción de que no tenemos medio de comunicación los humanos. La lengua de cada uno -o el lenguaje hablando en su sentido universal- deja atrás, escondido, olvidado, lo que dice quien dice, para hacerse eco de lo que la sociedad espera y quiere escuchar. Lo más auténtico resta como poso que desconocemos, a lo que Lacan denomina lo real. Y esa falta, esa carencia, esa ausencia en términos de Pizarnik es, tal vez, donde se va cubando la soledad, el silencio y la desesperación de quien ante esta falta de autenticidad no puede conectar con nadie, ni sentirse amada por nadie.
Para los interesados en la controvertida figura de Alejandra Pizarnik, recomiendo “Alejandra Pizarnik. Biografía de un mito” Cristina Piña-Patricia Venti. Ed Lumen 2022. Además, por supuesto, de la obra de esta gran poeta.
[1][1] Pizarnik, A. Poesía completa. Editada por Ana Becciu. Ed.Lumen 2001. Pg. 398-399.
