El cálculo de la infamia: «utilitarismo» y «guerra sucia»

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Creo necesario clarificar un par de cuestiones sobre el título de esta entrada. El término «utilitarismo» está entrecomillado porque no es lo mismo referirse al utilitarismo de Bentham que de Stuart Mill, sin que esté aprobando en su totalidad el último. En este sentido adjunto a continuación un resumen básico para no iniciados.

En segundo lugar, el término guerra sucia es una reiteración, ya que no creo que pueda haber guerra «limpia», intrínseco al concepto de guerra podemos situar cualquier artimaña para combatir. De ahí que, por ejemplo, el término guerra justa sea considerado un oxímoron.

Bien pues, los problemas que tienen, como forma de gobierno, las democracias actuales, son cada vez más profundos. El sistema de partidos no funciona. Cada uno de ellos se ha sometido a intereses económicos -que es el motivo último de toda acción por parte de agentes que disponen de algo de poder, o de mucho-, lobbies, deudas financieras, etc., que les “obliga” a representar no a ciudadanos, sino a todos aquellos a los que “debe” algo, inclusive su resonancia social o poder. Aquí, hay que mantenerse atentos a cómo evoluciona la candidatura de estudiantes que ha arrasado en las elecciones en Serbia. En realidad, no son solo estudiantes, sino profesores, padres de estudiantes, que esperemos sean capaces de asumir la responsabilidad que el pueblo serbio les ha otorgado. Si funciona, se abren nuevas perspectivas para organizar la democracia representativa.

La guerra sucia entre partidos es demencial. Los ataques a comercios, incendios de mobiliario urbano, robos y destrozos que se han llevado a cabo en España en las últimas semanas, no tienen nada que ver con el movimiento ciudadano que acampó en plazas con motivo del grave problema de vivienda, ni con la huelga general que hay convocada para el 11 de noviembre. Detenciones se han producido bastantes, sin embargo, es sorprendente que hayan dispuesto de medios para enviar las convocatorias de saqueos a adolescentes de entre 14 y 16 años, de determinado perfil poblacional, llegando inclusive a recibir ese mensaje y verse incluidos en el grupo alumnos de toda una clase. La capacidad para obtener datos, y la manera de gestionarlos denotan que estos supuestos líderes de 18 y 20 años están apoyados y motivados por alguien que ha tenido la habilidad de permanecer opaco. Por “alguien” me refiero a grupos ideológicos vinculados a partidos, o lobbies económicos.

Sea como fuere, parece evidente que estas guerrillas llamadas a delinquir y crear el caos y el miedo han sido pensadas por un “quien” que nunca sabremos, pero que espera obtener rédito en vistas a las elecciones de noviembre en España. Hay mentes tan retorcidas diseñando estrategias para provocar determinados comportamientos en los ciudadanos, que particularmente podría esperar la explicación más inverosímil de lo que acontece. Si algo hemos aprendido de la era Trump es que la realidad es tan elástica que lo que parecía imposible se ha vuelto posible, y que cualquier noticia que provenga de este mandatario, estamos en condiciones de creer que lo ha dicho o hecho. Esto indica que los límites han desaparecido para él y que su credibilidad es cero.

Bien, pues algo han aprendido algunos del mismísimo Trump, Miley, Netanyahu, …el fin justifica los medios, sean estos los que sean. La política y la ética mutuamente se desconocen. Vuelven los líderes narcisistas que exigen ser idolatrados y que no están obligados a respetar límite alguno, porque su liderazgo no se basa en la autoridad sino en la capacidad de seducir y manipular emocionalmente a ciudadanos que necesitan renovar su esperanza.

Aquellos estados que aspiren a ser democráticos van a tener que esforzarse mucho en repensar las condiciones en las que se hace posible lo democrático, y después materializarlo.

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