La nostalgia es el tenue consuelo de quien vivió instantes valiosos, y los regresa algo melancólico, pero sabiéndose afortunado por ser nostálgico y no tristeza infinita.
Autor: Ana de Lacalle
No sabemos quiénes somos hasta que no nos topamos de frente con nuestro rostro sin disfraz.
Aquellos que hipnotizados por el poder de una idea que –como la de nación, una representación mental abstracta que no se corresponde con cosa alguna material existente- en ese estado de inconsciencia sienten trascender la historia misma, corren el riesgo de anteponer la idea a la vida humana. Solo deseo hacer algunas consideraciones: – Las
Síntesis: la intensidad de la autoconciencia exige, para mantener la existencia, la dignidad de la vida y, como condición necesaria de ésta, el sentido. Antes es imprescindible que se den otras condiciones básicas de vida propiamente humanas. Pero, una vez conquistadas estas, ¿es digna, merece ser vivida, una vida sin sentido ni propósito alguno? Aquellos
La adherencia a la existencia es directamente proporcional a la dignidad de la vida.
Pulicado el 29 de 2016 en este blog Expuesto en el exterior de un escaparate como la hiriente paradoja, entre los harapos cubiertos por un sobretodo negro, extraído de un contenedor de basura, sentía el vello erizado y la piel trémula. Sabía que la vida se le había ido antes de morir, y era tan
Ondulante entre noches insomnes de creatividad ágil y días hipersomnes decadentes, escudriñaba el por qué unas consciencias son más autoconscientes que otras.
Mientras se aqueja el viento del espesor por el que deambula, la lluvia se ausenta maliciosa para regocijarse sin freno ante la falta de viento.
Quien se reviste de muérdagos, no es más que víctima de una simbiosis beneficiosa.
Si entre miradas, se nos desvaneció el pálpito que nos entrelazaba, no fue la mala fortuna, ni las adversas circunstancias, sino un cúmulo de cobardía atenazando las ganas, y un conformismo absurdo que nos somete a sobrecargar con falacias.