La mínima manifestación de la existencia consiste en permanecer, sin pretensión alguna. La vida es otra cosa.
Autor: Ana de Lacalle
En PDF El príncipe destronado -el liderazgo del profesor-
Regresamos con tozudez, una y otra vez, al lugar gastado; indagando respuestas que nunca hallamos. Como mentes cuadriformes reseguimos los procesos del fracaso, tal vez con la creencia de que siempre erramos. Alternativamente, podríamos dudar de un procedimiento automatizado, modificar un ápice la perspectiva, flexibilizar la mente adoptando una forma ovalada –si tan necesario es
Siendo quienes somos, seremos brevemente.
El resentimiento, en contra de lo que escriben algunos –para observar un aspecto obviado por la tradición judeocristiana hay que leer a Nietzsche- no se incuba únicamente en las relaciones de amor. Bien, al contrario, el odio y el resentimiento pueden surgir como reacción contra quien debiendo amarnos y cuidarnos –relaciones parentales por ejemplo- nos
La decencia, atendiendo al recato y la modestia, no encumbra cualidad alguna del sí mismo ya que, por honestidad, sabe de sus carencias.
Si la ausencia del otro es olvido, ningún reencuentro subsana la tragedia. Porque tras ese lapso vacío ni reconocimiento posible, ni confianza, tan solo un viejo vínculo dislocado y rasgado bajo la mirada atónita de ambos.
Hay cementerios con okupas que usurpan la guarida de los idos. Seres sin raíces ni motivos que vagan a gusto por lo tenebroso y lúgubre, que absorbe sin exigencias la naturaleza fantasmagórica de quien no se sabe a sí mismo.
La sociedad alarga la esperanza de vida, gracias a los avances médicos y tecnológicos, pero después –sorprendentemente-no sabe qué hacer con sus mayores. El sistema de pensiones público no garantiza ingresos mínimos para que la mayoría lleven una vida digna, sino que por el contrario están sumidos en situaciones de pobreza. No se dispone de
Millones de páginas escritas y ninguna te menciona, aunque muchas podrían referirse, entre otros, a ti. Porque hay experiencia básicas que son universales, aún más –paradójicamente- cuando se ha carecido de ellas.