Sentados, con los pies colgando hacia el abismo, nos resta la crucial decisión de orientarlos por voluntad propia, prescindiendo de resonancias insidiosas que podrían doblegarnos.
Autor: Ana de Lacalle
¿Quién puede sabotear la liberación de su perpetuo padecer? Quizás aquel que teme perder toda identidad sino es como ser maltratado, o el que teme no ser en absoluto nada desaparecido todo agresor. Habiendo adquirido la entidad y la existencia complaciendo y viviendo la vida de otro para satisfacer a uno, y descargar el peso
Desparramándome para abastar lo que me resta de vida, y sopesar los gestos propios, aunque desapropiados, decido ser franca sin dañar. Hay metáforas y eufemismos bellos, no por la experiencia placentera sino porque sustraen la naturaleza de lo referido con una nitidez no hiriente. Estéticos y veraces.
Cuando una huelga es política, y no laboral, y se ejerce imponiendo la voluntad de un sector político mediante la presencia de una masa de individuos que bloquean carreteras, vías de tren, etc.,… ¿dónde queda el derecho a decidir del resto de ciudadanos? ¿No será que ese cacareado derecho solo se refiere a un sector?
No está tan distante la miseria del ostracismo, para quien busca vivir según sus convicciones.
La pobreza en nuestro entorno es más sofisticada. Nuestras sociedades revisten estéticamente lo que no soportan. No cabría un niño retorcido en nuestras calles comiéndose las migajas del suelo. Ocultamos y recluimos en lugares adecuados cada suceso, para que no resulte pornográfico. Eso no es óbice para que nuestras ciudades estén llenas de personas periféricas,
La poca humanidad que me habitaba acaba de despedazarse de cuajo, de auténtica vergüenza. Ante esta imagen que aparece acompañada en algún medio de que el hambre ha aumentado en el mundo en un año un 38%, sin ninguna portada periodística, ni debates televisivos, ni alarmas políticas que supongan medidas extraordinarias, como si no pasara
Todo tiene un límite, o con esa esperanza subsistimos.
Persiste un rescoldo que amara en la piel, absorbiendo la hidratación que la mantiene tersa y suave. Así, se agrieta y arruga la dermis que no delata tan solo los años, sino la vida: ese intenso y costoso camino de espinas. Un rostro aviejado, moreno, con los surcos de los tozudos gestos, es un clamor
Dudar, como pálpito temeroso paraliza. Como estrategia preventiva supone esquivar falsos ídolos que se despedazan tras el cedazo de la pregunta inquisitiva.