El desván donde alojamos la negritud de los días, habitado por amplias telarañas y polvo sólido, no deja de existir tras esa puerta blindada.
Autor: Ana de Lacalle
Deambulo rasgando el silencio con la hojarasca bajo mis pies. Y ya no me cuestiono ni el porqué, ni el para qué, ni tan siquiera a dónde me dirijo. Aun careciendo, como cualquiera, de la verdad, resigo el tiempo que poseo como única certeza y desde ahí, decido, persisto, lucho, amo, descanso, me agoto. Con
Un tabú, o estimula un deseo o esconde un miedo
Protegerse de una persona dañina, si hemos desestimado la posibilidad de anularla de nuestra vida, no puede ser un gesto espontáneo ni expuesto a la intensidad del mal recibido, porque ahí sigue produciéndose daño. Antes bien, debe presidirnos una estrategia que, compensándonos emocionalmente, nos permita mantener la serenidad y la firmeza de una decisión, nunca
Nos pasamos la vida pronunciando palabras escritas de otro puño y letra, viendo a través de otros ojos y aceptando esa visión ciegamente, entonando e identificándonos con emotivas melodías que hablan sobre los sentimientos de otra persona. Nos pasamos la vida viviendo vidas ajenas. Cuando llega el enfrentamiento cara a cara con el gélido e
“Inquietante es el nombre que se da hoy al núcleo siniestro del prójimo: todo prójimo es en última instancia inquietante” Adam Kotsko La razón, afirma Zîzêk, es la impenetrabilidad del deseo que sostiene los actos del otro. La sospecha dañina aparece ante la posibilidad de que las acciones del prójimo no estén motivadas por lo
Quien vierte su agitación a través de la escritura, desearía zafarse, a menudo, del torbellino monográfico que lo altera. Ampliar el horizonte de su perspectiva y trascender el hueco de la intrahistoria que lo atenaza. Lamentablemente, quien escribe es testigo de sí mismo y de su tiempo, y ese anhelo de ser sin ubicación, no
Si el amanecer no acontece, revisa tu estado vital.
Ayer, Jano, volvimos a evocar esa ausencia extraña que te hace terriblemente presente para muchos. Y entre ellos estaban, y principalmente, los que considerabas los tuyos: una Natalia, mejorada algo en el aspecto, a la que acompañaban en su mente “los niños” con el corazón aún muy destrozado, tu madre que te llevaba arropado en
Azotados por el fragor de un posible delirio que desgaja un pueblo en una diversidad de visiones, se van derramando lágrimas, llantos y pasiones, muchas pasiones. Se insulta con mantras que recorren los cielos y retornan como verdades que devienen hechos, se obvian errores y engaños que los medios blanquean con imágenes que sustituyen relatos,