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Deambulo rasgando el silencio con la hojarasca bajo mis pies. Y ya no me cuestiono ni el porqué, ni el para qué, ni tan siquiera a dónde me dirijo. Aun careciendo, como cualquiera, de la verdad, resigo el tiempo que poseo como única certeza y desde ahí, decido, persisto, lucho, amo, descanso, me agoto. Con la posibilidad de desistir cuando así lo desee. Acaso hallé una gran respuesta.