Absurdo se predica de lo contradictorio, de lo que carece de sentido o razón; así es un calificativo que deviene adecuado a multitud de discursos y acciones que, no obstante, se mantienen como pautas sociales recomendables.
Autor: Ana de Lacalle
Hay quien no entiende aún qué significa regurgitar la acidez vacua de la existencia. Solo necesita más tiempo.
Quedarse sin voz por exceso de agitación interna, exige pausar las palabras.
El trasiego y la intensidad de un conflicto político y público pueden acabar generando la pasividad por desbordamiento y saturación mental del ciudadano ante tanta incertidumbre prolongada. Algunos –agotados-esperan lo que sea que deba acontecer casi desconectados del día a día, para rebajar su nivel de ansiedad. Esta actitud de supervivencia psíquica evidencia carencia de
En un cubículo cerrado donde solo se dispone de palabras, éstas devienen lenitivos o cuchilladas.
Si en un corazón no cicatrizado derramas aceite hirviendo, estás vertiendo los mismos ácidos que ya lo desfiguraron antaño.
Cuando las palabras ajenas te invalidan, acaso no sea el otro más que siervo de su propia miopía.
Somos tan miserables que incluso ante quien nos reclama ayuda nos acabamos emborrachando de vanidad.
Quien no se ve capaz de afrontar los escasísimos momentos decisivos de la vida, tiembla permanentemente solo de pensarlos.
Existimos arraigados al tiempo, que devendrá historia e histórico, como anegados en tierras movedizas de las que es difícil reflotar. Y serán generaciones póstumas que construirán el relato de lo que hemos sido, aunque acaso nunca sabrán lo que somos: diversidad asfixiada por aconteceres indeseables e impuestos desde el poder de los que gobiernan y