La avidez de tener deriva en el pánico a perder, estando vacío
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El acontecer que sombrea el lugar que ocupamos puede ser tan esperpéntico, que se agrieta la trasnochada idea de normalidad y desnortados nos precipitamos en una crisis de tristeza.
Desde el ángulo más tenebroso que encubre mi alma, odio.
El sujeto crítico se resiste a los roles sociales que se le imponen. La mujer, además tuvo que erigirse como sujeto para dejar de ser objeto.
Dudar es un ejercicio de sentido común.
La abundancia es la escasez de consistencia.
Retamos al silencio a que se rompa, como si fuese un ente propio que nos juzga, para que nos revele lo inefable, evidencia de nuestra parca lingüística.
Ufanos, por ignorancia, creyendo que la felicidad se vende en la librería.
Entregados a la urgencia de vivir, olvidamos qué razones hay para seguir existiendo.
De las personas que amamos no hay olvido, solo pérdida.