Quien pretende alcanzar lo que denominamos estabilidad, se desliza por una marea ingrata, contra la que lucha, fracasando. Tal vez, sea el problema nuestra noción de lo estable. No cabe, en estos tiempos, aferrarse a una inmutabilidad que ya no nos es propia. Por el contrario, se ajustaría más a la experiencia individual y colectiva
