El reconocimiento del sí mismo

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El reconocimiento del sí mismo es el primer estadio, que exige superar una filosofía del reconocimiento, para que la actitud con la que se sitúa el sujeto ante el mundo sea fructífera. Sin este acto de refundación permanente de uno mismo, en el que el cambio se incorpora como un aspecto normalizado y propio, a la vez que se identifica aquello permanente que permite la certeza al sujeto de que es él mismo, solo habría repetición del pasado, como aseguraba Viktor Shklovski[1] o irreconocibles como deduce Paul Ricoeur[2]

En su obra, Ricoeur inicia la reflexión mostrando que el análisis lingüístico-gramatical del término, usado en su voz activa y su voz pasiva, desvela algo más que un problema de lenguaje; a saber un sentido del término reconocer que supera los estrechos márgenes lingüísticos y que apunta al hecho de que el concepto no es el referente únicamente de un acto de repetición de conocimiento. Más allá de este mimetismo, hace mención a una actividad en sí, que desarrollada se despliega en fases necesarias hasta su culminación y que es sin duda diferente y complementaria del conocer.

Parece ser que como acto filosófico el reconocimiento del sí mismo se inicia con la constatación del cogito cartesiano, aunque lo importante en Descartes parece ser el contenido objetivo de la idea conferido por el cogito. Con Kant el sujeto sigue siendo el eje de constatación pero solo en cuanto identificamos las condiciones trascendentales del conocimiento. Tiempo y espacio serán los a priori de toda percepción, y en consecuencia el tiempo la condición  que encorsete el reconocimiento, en cuanto es la condición subjetiva tanto del sentido interno como del externo. ¿Qué significa esto en relación con el sí mismo como fase primera del reconocimiento? Pues que tanto Descartes como Kant partieron de una autoconciencia entendida como identificación y distinción, sentido escaso e incompleto que otros intentaron profundizar.

 Tal vez, y como entiende Ricoeur, el primer filósofo que puede ser considerado como autor del sí mismo o de la conciencia de sí sea Bergson.

 Bergson, en su intento de vertebrar el problema alma cuerpo, cree identificar que lo problemático en esta relación es lo que denomina la huella psíquica, o el rastro que parece quedar en nuestra alma de la experiencia. Para abordar la cuestión de la supervivencia de esta huella considera imprescindible reformularlo como el problema del reconocimiento. Esta nueva perspectiva filosófica permite avanzar al darse cuenta de que el análisis debe articularse en dos aspectos: la memoria como retrospectiva, y la promesa como prospectiva que conjuntamente proporcionan una amplitud temporal al reconocimiento de sí.  Observamos, pues, una auténtica versión de la autoconciencia  o reconocimiento de sí mismo que establecerá las condiciones óptimas para el reconocimiento del otro.

En síntesis, diríamos que el reconocimiento de sí mismo exige de la acción de la memoria que permita forjar un pasado como base de nuestra identidad y de la interiorización del cambio como fenómeno sin el cual no cabría ningún reconocimiento. Este acto de refundación del sí mismo incorpora las modificaciones, que la conciencia de sí va experimentando, con la certeza de que el reconocimiento garantiza siempre las condiciones de posibilidad a partir de las que se pueden desarrollar las siguientes fases.

Existe parece ser un “plus” que junto con la reminiscencia produce una refundación, hemos afirmado aquí, o una visión como aseguraba Shklovski. Otros tal vez se referirán al fenómeno con expresiones metafísicas o incluso plenamente estéticas. Pero lo relevante es que reconocerse, volverse a conocer, o el reconocimiento  de uno mismo es un acto de renovación del propio yo que se transforma en el mismo acto de reconocimiento al interiorizar el influjo que la alteridad, en cuanto  lo no-yo, ha ejercido sobre el sí mismo.

Esas otras etapas que dan sentido a la denominada filosofía del reconocimiento como actitud que constituye una mirada realista de la existencia y la realidad, las abordaremos en ulteriores post.

[1] EL ARTE COMO ARTIFIICIO (V.SHKLOVSKI),EN LA TEORÍA DE LA LITERATURA DE LOS FORMALISTAS RUSOS.SXXI MÉXICO 1991
[2] CAMINO DEL RECONOCIMIENTO. P.RICOEUR. FCE. 2006

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