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Analizar la posibilidad de “algo” implica identificar la serie de condiciones que deben tener lugar para que ese “qué” se dé. Esta reflexión sobre la determinación de lo que hay o puede haber siempre  se realiza a posteriori, siendo la determinación, a su vez, condición de posibilidad de la reflexión sobre cualesquiera determinación. Así, por tanto, podríamos inferir hasta lo innumerable e incluso inefable, humanamente, pero no infinito,  ya que es difícil de admitir que las causas o condiciones se concatenen como una serie infinita.

Sin embargo, enseguida derivamos que si lo que hay tiene unas condiciones que lo hacen posible, esas mismas condiciones son sus límites y como tales pueden constreñir o anular nuestra libertad.

Ahora bien, ontológicamente, que es cómo se nos presenta lo que es, tratado en términos de lo que lo posibilita y lo hace determinación necesariamente, hemos de constatar que sin condición que permita ser y, por ende, límite lo que se es, no hay ente alguno. Así, somos determinaciones, o lo que es lo mismo, no hay algo  sin oposición a nada, y este dualismo ser/no-ser exige una distinción que esté  a nuestro alcance entre lo existente, el ente, lo determinado y lo no ente, o aquello que carece de determinación que de entrada sería el no-ser, la nada. Esto sin recurrir a recursos metafísicos y limitándonos a lo que ontológicamente podemos contrastar.

En consecuencia, podemos negar lo que sentimos: que somos libres, racionales, responsables (…)  Tal vez sea una forma de zafarnos de la vida y sobrellevar un tránsito banal, pero no creo que el fundamento de nuestra negación sea  nuestro carácter ontológico: ser condicionados y limitados, porque ¿Cómo se puede ejercer la libertad sin oposición? ¿Cómo ser racionales sin pasión? O ¿Cómo responsable sin decisión?

La existencia no es la página en blanco donde configuramos la esencia, porque se nos obliga a: escribir,  en DNA-4, con una tipología de letra, un determinado espacio, en negro, y con márgenes establecidos. Pero no hay otra opción, porque no se elige empezar a existir, más que arrojarnos a la papelera de reciclaje cuando veamos la ocasión, para  dejar de existir. Y esto último entra en nuestras posibilidades, no en nuestras limitaciones.