En la biblioteca personal los libros deberían estar ubicados cronológicamente, es decir según su propietario los ha ido adquiriendo, catalogados por fechas y, a poder ser con una breve reseña de la lectura que se hizo de él en cada momento. De esta forma tendríamos una radiografía sincrónica del pensamiento y los cambios significativos que ha ido experimentando ese sujeto. Que podríamos haber sido nosotros mismos, y que hoy darían cuenta del porqué no miramos el ocaso con la misma ternura, ni el amanecer con esos ojos ávidos de incertidumbres.
