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“Los niños envueltos en sangre y rotos de dolor parecen ser el último baluarte de nuestra conciencia, después solo nos queda ser monstruos” se dice mirando el plasma desde su sofá. Lástima para tanto infante desmembrado que ya no le queda nada, tan solo cuando muera chivarse a Dios, como amenazó hace un tiempo aquel pequeño sirio. Quizás él sepa encontrarlo,  porque los demás hemos sabido encarnar fielmente al diablo.