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Mirando el mundo a través de twitter, de  mi “cosmotwitter”, leí una de esas frases, que escasean, llenas de ironía e ingenio que estimulan la reflexión: “soy de esa generación de héroes contemporáneos que rescatan personas, animales y causas nobles a través del like de Facebook”. No recuerdo la autoría y lamento no  poderla citar, en cualquier caso no pretendo ni de lejos apropiarme de semejante genialidad.

En seguida imaginé, no sólo jóvenes para qué engañarnos, sino todo un ejército de héroes –nada  más contradictorio con la misma noción de heroicidad- apoltronados en sus sillas de rudecitas, con sus auriculares, sus flexos alógenos, su coca-cola, su bolsa de patatas y sus dedos sorteando teclas  hasta dar con la que merecía su juicio aprobatorio. ¡Menuda Odisea!

Y, súbitamente, una repulsa un autoreproche, por usar las redes sociales como lenitivos de la propia conciencia con tan sólo clicar un “me gusta”. Con esto no estoy repudiando ni mucho menos su utilización como contrapunto de los medios de comunicación dominados por los poderes económicos (prensa, radio, televisión), pero este uso debe ser mucho más extensivo y beligerante que el mero hecho de clicar una tecla que además emite un juicio estético absolutamente falto de consistencia.

Las redes sociales constituyen la mejor herramienta que poseemos los ciudadanos para comunicarnos libremente. Sabemos que también están sujetas a persecución y vigilancia, por ello podremos hablar de héroes cuando aquellos que por expresar sus juicios contrastados y con datos  denuncien a los que roban, vulneren los derechos y expolien a los ciudadanos contribuyendo a esta situación de extrema pobreza en la que cada vez más personas se ven inmersos, sean víctimas de atropellos arbitrarios e injustos por parte del Estado.  En esas circunstancias, el resto de ciudadanos deberíamos sustituir la mariconada, con perdón, de “me gusta” por expresiones más adecuadas a lo que estamos apoyando o repudiando, para que las redes sean sociales, en un sentido político, y sirvan a alguien más que al típico grupo de adolescentes o a treintañeros inmaduros. En el resto del  mundo intentamos tener en cuenta al máximo de ciudadanos, amigos americanos.