Edad biológica y mental

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Adentrarse en plena madurez biológica es un hecho quizás anodino, ya que nada aporta sobre la madurez mental ni ésta sobre la felicidad[1] en la vida. Lo biológico es un dato numérico que indica los años de vida natural del sujeto. La madurez mental se atribuye a quien sigue los cánones impuestos de normalidad según las etapas del desarrollo, por lo que se atribuirían características de equilibrio afectivo, sensatez, prudencia…

Considero innecesario argumentar que un dato y otro no confluyen por causa alguna en un estado de plenitud –edad biológica y mental- Pero, además entiendo que la supuesta madurez mental no implica necesariamente una vida feliz y que, por lo tanto, la pregunta última por la existencia, que no es sino la cuestión de la muerte, pueden restar irresolutas indefinidamente.  

Así, aunque es innegable que masticar la existencia es una condición necesaria para poder pronunciarnos sobre su textura y su sabor, también lo es que por mucho que la trituremos y la degustemos no llegaremos al deleite. El gourmet posee la exquisitez de lo genuino y ahí resida acaso la piedra filosofal.

Lamentablemente, lo auténtico y único se nos desliza entre los dedos sin atender a la edad, acaso porque no poseemos la exquisitez requerida, o quizás porque no podríamos soportar tanta verdad.

[1] Me siento obligada a precisar que uso el termino felicidad cada vez con más renuencias por la falacia que conlleva en sí mismo.

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