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Si  en el reconocimiento no hubiese un ápice de recreación seríamos entes sometidos a lo estático que acaban anulándose por degeneración. Suponiendo, por lo tanto, la aportación de novedad inherente al acto de reconocer, podemos afirmar que el análisis del mundo, aunque pueda parecernos reiterativo por partir siempre de lo ya acontecido, es un avance en espiral que se retroalimenta de lo pasado para ubicarse de forma única en el presente.

En este sentido, cuando observamos las parodias que provocan y estimulan el sentido del humor y la risa en la generación de adolescentes de hoy, podría parecernos que han perdido el sentido de lo cómico y que desconocen lo que ciertamente es susceptible de generar jocosidad. Esta apreciación podría indicarnos un estado de estancamiento en nuestra capacidad de analizar la realidad y, en consecuencia, de reconocer lo gracioso en su contexto. Clarifiquemos que nada es en sí mismo chistoso y que su cualidad depende del contexto.

Acostumbrados esos adolescentes a formas de diversión muy diferentes a las de antaño, como es elocuente, su risa explota ante situaciones que parecen simples a ojos externos o tejidos en contextos distintos. Pero, es complejo discernir si lo que provoca su hilaridad es la simplicidad o el absurdo extremo que muestra la escena. No creo que acertáramos afirmando que es una generación con capacidad de disfrutar de las cosas más sencillas de la vida. Esto, por descarte, nos conduciría a pensar que una generación hija de la incertidumbre, la vacuidad, el desencanto y la dureza existencial calmada con el consumo, se regodea en el colmo del absurdo con las parodias más esperpénticas. Aquello, por lo tanto, que a otras generaciones, por absurdo les parece simple, falto de agudeza e ironía, juega en un terreno asfaltado de un material más duro, con un punto de cinismo más que de ironía.

Creo que el ejemplo más paradigmático es la excesiva proliferación de You Tubers,  con una afluencia de visitantes sorprendentes, que cuelgan vídeos caseros con escenas orientadas a provocar carcajadas,  y que lo consiguen.

Concluyendo, el acto de reconocer el mundo implica una crítica que avanza en espiral y nos permite aproximarnos a lo que sucede desde el prisma de lo acontecido.