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Tras el voluntarioso esfuerzo, el ansiado descanso. Tiempo de aguardar resultados o quizás de disfrutarlos. Sea como sea, momento de saborear un plácido cansancio obtenido a fuerza de dar lo que no se posee, lo que no se cree poseer y que tan solo brota en ese tensar el límite de la propia resistencia. Siempre podemos un poco más.