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Supongamos que la posibilidad de ser inmortales estuviera a nuestro alcance. Parece obvio, de entrada, que ésta sería un privilegio al alcance de los más poderosos y que la tierra se poblaría por una casta de transhombres superdotados junto a una gran mayoría de humanos. Así, ser humano se convertiría en un desafío sustancialmente distinto al que nos enfrentamos hoy, porque no solo nos preguntaríamos por el sentido dela existencia, si no por si ese sentido consiste en ser transhumanos, hombres que han superado, gracias a la ciencia y la tecnología, sus límites biológicos alcanzando incluso la misma inmortalidad, siendo dioses donde parece no tener cabida Dios.

Por su parte, la casta de superdotados ¿se preguntaría por el sentido? ¿Habría resuelto el problema de la vida al resolver el de la muerte? Como si el sentido de vivir fuese dejar de no vivir, aunque no parece que tiempo y sentido constituyan a priori una respuesta cabal a la profunda cuestión de quiénes somos y qué hacemos aquí.