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Regalar un libro y una rosa, se me antojan como una ofrenda para cultivarse de elegancia, afecto y cordialidad. Nunca asumí la separación de una dádiva y otra en función del género, porque las mujeres también tenemos  derecho a la cultura y los hombres a la sensibilidad.

De esta forma, puedo prescindir de una rosa esbelta e imponente, pero difícilmente de una lectura cautivadora. Lo mejor, en este caso aliado de lo bueno, encontrar una rosa recubriendo un libro filtrados por la luz de la mañana, con un mensaje no escrito sino representado en el gesto de ofrendar la ocasión de cultivarse con sensibilidad.