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Somos animales gregarios que tendemos a alinearnos alrededor de un líder con el que parecemos conformar una mente única. Este fenómeno, que en los partidos políticos es una imposición ideológica y antidemocrática, en grupos de naturaleza más informal se produce de manera espontánea como si la discrepancia fuese una afrenta personal contra el líder que ha marcado el marco de pensamiento. En grupos que se gestan en la red social es curioso observar como el individuo que se opone en algún aspecto a opiniones expresadas por el líder, es neutralizado de forma inmediata por dos o tres individuos que tienden a protegerlo y a mostrar las virtudes y méritos de éste, aunque no tengan ninguna relación con lo cuestionado por el sujeto discrepante.

Esta actitud del grupo genera la sensación para los que se incluyeron con la expectativa de debatir, de hallarse en una especie de secta no explicitada, donde el libro sagrado es el publicado por el líder y creador del grupo y las reuniones se celebran de vez en cuando mediante cenas concertadas.

Acaso la falta de referentes y la necesidad de sentirnos arropados es una epidemia que también afecta a los adultos supuestamente hechos y derechos, no solo a los jóvenes tiernos y en proceso de maduración.