Etiquetas

, , ,

“Todo cuanto he abordado, todo cuanto he discurrido durante toda mi vida, es indisociable de lo que he vivido. No he inventado nada, solo he sido el secretario de mis sensaciones”, declara E.M.Cioran ubicando el aforismo en su obra Desgarradura. Me atrevería a concebir a ese secretario como testigo privilegiado y víctima no de sensaciones, sino de un desgarro existencial que el propio autor anuncia en el título, como un aviso a navegantes. ¡Oh si fuésemos meros secretarios de nuestras sensaciones! tal vez nos hallaríamos leyendo el diario de un taquígrafo sensorial, para apercibirnos de los estímulos significativos del autor.

Pero lo que Cioran, entre dientes, nos susurra es que la filosofía brota de las entrañas de un sujeto concreto con biografía y que, aquello que lega, en sus escritos no es más que el testimonio desgarrador de su discurrir por la vida. No hay pues escisión entre la filosofía y el sujeto que la produce. Según el autor, entender un entramado filosófico pasa necesariamente por conocer y comprender un entramado vital, porque toda conclusión por muy distanciada, generalista y abstracta que podamos calificar, como filosófica, está siempre arraigada en el enjambre vital del sujeto que filosofa.

La Filosofía sería, entonces, la identificación del relato común del hombre que solo puede palparse en el sujeto existente que soy. El filósofo es aquél que osa ahondar en la profundidad del sujeto que es, para apercibirse tras su iluminación, de que sea cual sea el desgarro vital, tras el abismo nos aguarda la nada.