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Los desaires ingratos que los hijos vomitan sin pudor ante el cuidado parental, son gestos desproporcionados de autoafirmación. La paciencia debe imponerse cuando esa voluntad de independencia es volátil, incoherente y tiránica, en ocasiones. Crecer es un desafío, durísimo de acompañar, en el que las expansiones y contracciones generan convulsiones en quien se desarrolla y en quien le da su ser, mientras prolifera.