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Nunca he percibido paralelismo entre asesinato y guerra, porque solo soy capaz de captar una identificación frívola de los que arrasan con vidas creyéndose legitimados. ¿Quién otorga el derecho de matar? No hay Dios que por definición ose hacerlo, porque dejaría de ser Dios. Y si, suponemos no hay, de hecho, ningún Dios, ¿quién se atribuye la autoridad delirante de creerse quien no puede ser así, o ni tan siquiera es?