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“Como los grandes enemigos de la felicidad humana son dos, el dolor y el aburrimiento, la naturaleza también dio a los seres humanos una protección contra ambos: contra el dolor la alegría, y contra el aburrimiento, el espíritu. Sin embargo ambos no están emparentados, y en los grados más altos inclusos son incompatibles El genio es pariente de la melancolía (…) y los ánimos muy alegres solo tienen capacidades espirituales muy superficiales. (..)Ahora bien, significa un favor especial del destino cuando un ser humano se ve principalmente expuesto a aquel de los males contra el que la naturaleza le ha armado mejor”

Schopenhauer, El arte de ser feliz. Regla 44

La felicidad es un arte en el que no estamos demasiado avezados. Primero porque parece que el melancólico, dotado de espíritu, está condenado al dolor y porque esa frívola vinculación entre alegría aparente y felicidad es absolutamente falaz. Así, parece que debemos contentarnos con que la naturaleza nos compense con la habilidad que mayor bien nos haga en nuestro caso: la alegría para combatir el dolor, o el espíritu para combatir el aburrimiento, ya que como dice bien claro Schopenhauer quien posee espíritu deriva en la melancolía y el  dolor, y quien posee alegría no puede abandonar la superficialidad de las cosas mundanas.

Los hombres no pueden ser felices porque donde hay profundidad hay sufrimiento, y donde hay trivialidad y jocosidad hay falta de consciencia.