Etiquetas

, , ,

Seguir una dieta se ha convertido en la manera normalizada de alimentación de los que, junto al ejercicio físico, creen hacer un alarde de voluntad que va asociada al éxito social y profesional. Esta identificación procede del prototipo de individuo que el neocapitalismo ha promovido indicando sibilinamente que son además los felices de la tierra. Sujetos con puestos de responsabilidad en grandes empresas que disfrutan además del tiempo necesario para cuidarse físicamente y disfrutar de los placeres del deporte, la naturaleza y los grandes encuentros en sociedad. Y si atendemos a la publicidad, parece que así vivamos todos.

Este cúmulo de confusiones que fluctúan por el imaginario individual y colectivo empuja a muchos individuos a asimilar lo que está a su alcance. El patrón físico, delgadez, en forma puede ser adquirido de forma casera por vías poco recomendables pero con resultados aparentes similares. Al menos, puede evitarse el desprecio por no parecer uno de los agraciados de entrada, y tal vez tener oportunidades que de otra formas les serían negadas.

Semejante artificialidad de dietas, cuerpos con medidas llevados al extremo que se sitúan  en lo no-natural, vidas aceleradas que emulan “vacaciones en el mar”, en las que lo prioritario es no cesar de hacer actividades, porque eso es lo peligroso, no hay que cesar el movimiento, no hay que parar…no sea que en una de estas nos encontremos con nosotros mismos, y no sepamos ni quiénes somos, ni qué queremos.

No describo ningún mundo ficticio, sí minoritario, pero que tiene presencia social y poder en nuestra sociedad, con el privilegio de marcar tendencias y establecer prioridades. Lo que ya hace con sus hijos de bien pequeños que los acostumbra a una vida exteriorizada, con un ritmo frenético y que muchos no saben cómo armonizar con el estudio, otros estudian a pesar de sus padres.