Etiquetas

, , , , ,

Hay un spot publicitario en el que aparece  un individuo cuestionándose –lo cual ya es para quedarse perplejo- por qué a una bebida la denominamos así, si aún no está bebida. La pregunta remite a los usos y al sentido del lenguaje, y es aparentemente tan simple pero a su vez tan lógica que sería propia de un niño que empieza a mirar el mundo con atención. La derivación usual de las palabras nos llevaría a denominar a un líquido contenido  en un recipiente “bebible”, que puede ser bebido, no que ha sido ya consumida como apunta el término bebida.

Lo relevante del asunto es que el spot acaba presentando a quien se cuestiona las cosas como una especie de “pajeado” mental que se centrifuga en los recovecos de las cuestiones más estúpidas. La confirmación de esto que afirmo es que el serial prosigue con otro individuo que al percibir la lejanía de no sé qué estrella deduce que se halla en el futuro, evidenciando de forma más diáfana la irrealidad de las mentes que se preguntan el porqué de las cosas, cuando lo necesario ya te lo resuelve la sociedad de consumo y así te lo muestra el spot con el producto que te ofrece.

Es decir, el mensaje es que no es necesario pensar ni para consumir, que los productos son tan contundentes que quien se devana los sesos decidiendo si uno u otro no está lejos de esos idos mentales. El mercado no solo nos empuja a consumir, sino a hacerlo compulsivamente: no pienses y consume aquello por lo que te sientas inclinado. Para pensar ya están proveyendo el planeta de robots sin emociones.