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Los radicalismos que generan entes abstractos para diluir al individuo y erigir a los primeros en sujetos de acción y de derechos no están distantes del relato dominante que anula la voluntad  de los individuos para convertirlos en deseo desinhibido. Ambos cosifican al sujeto para domeñarlo. Europa, España, Catalunya son ficciones urdidas para dotar de identidad a individuos vacíos, obviamente esta función solo es eficaz desde la radicalidad, que lleva a los adeptos a dar incluso su vida por “una nada”. De la misma manera que la eficacia del consumismo exige de la vacuidad de los sujetos, que llegan a vivir “de nada”. Una crisis económica, un presente sin futuro, una corrupción política exagerada, un movimiento social desvaído, protestas fragmentadas y reprimidas, un gobierno central intolerante, un estatuto de autonomía rechazado, son además un caldo de cultivo para que las élites burguesas se esfuercen por hacer extensivo como problema político y social algo que no lo era al nivel en que lo han situado hoy. Veremos que nos depara el día en Catalunya.