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Observando los desastres naturales que acaecen en las últimas semanas una no puede dejar de recordar el nunca acallado debate sobre la veracidad o no del cambio climático. Mi supina ignorancia no me permite más que asumir una cierta opinión a partir de lecturas de doctos de supuesto prestigio y honestidad. No obstante, y retomando la idea inicial, cierto es que parece que el planeta cruja desde lo más íntimo y le haya dado por vomitarnos una rabia desaforada expulsando a lo largo de toda una costa a millones de personas. De un estado que, curiosamente, rompe y ningunea todos los sufridos acuerdos internacionales para luchar contra el final del planeta. No ha mostrado su furia la Tierra exclusivamente allí, pero sí con especial virulencia. ¿Será la madre Tierra alguien que se duele y se queja?

La reflexión que lanzo, sin ser ecologista ni especialmente sensible a estas cuestiones, es que los datos objetivos y empíricos deben servir para analizar una evolución de deriva del planeta sobre la que entiendo que se han contrastado bastantes evidencias, como para tomar medidas más radicales que reviertan la situación. Claro está que la cuestión es muy compleja considerando que los intereses económicos son los que están en juego y si estos pasan por encima de vidas humanas que van cayendo de forma inmediata como fichas de dominó, ¿quién va a posponer su interés crematístico por un objetivo a medio o largo plazo?