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Si para lo que resta de vida hubiéramos de elegir dos deseos que no quisiéramos que se apagaran nunca, hasta el respingo final, sin duda abrazaría iluminar intensamente el deseo de amar –ese por el que podemos seguir vivos aunque la vida no tenga sentido- y el de leer –ese que nos engrandece de otros más vivos que nosotros- Quizás deseando amar, nunca consiguiéndolo, y leer, a los grandes que son los más sufrientes, tengamos un resto de la vida más digno.