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“Estar desprotegido” difiere sustancialmente de “sentirse desprotegido”. Aunque la percepción subjetiva pueda ser idéntica, lo cierto es que, quien se siente desamparado es posible que disponga de recursos para revolverse contra ese desvalimiento. La dificultad reside no en su desprotección real, sino en su falta de conciencia de su capacidad y resortes para acabar con tal circunstancia. Por tal motivo se comporta, de facto, como  un desasistido sin posibilidad de escape.

En consecuencia, recabamos de nuevo en la importancia de la conciencia del sí mismo y del autoconocimiento. Ya que quien sabe discernir entre lo que proviene del exterior y lo que yace en el interior está en condiciones de vencer sus sentires confusos y actuar según sus potencialidades.

De ahí, que sesgar lo que ocurre de lo que siento sea decisivo y relevante.