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Quienes han vivido siempre en la era digital no perciben que el uso de redes sociales, blocs, páginas webs o periódicos digitales son hoy una alternativa privilegiada ante el ostracismo de muchos escritores, poetas o periodistas que años ha, no disponían más que de las ediciones impresas por el circuitos comercial para dar salida a sus escritos.

Esta realidad que puede y tiene su faz oscura, como ha querido mostrar la recién premiada por Anagrama Ensayo, Remedios Zafra por su obra “El entusiasmo. Precariedad y trabajo creativo en la era digital”, presenta también un haz de posibilidades para la libre creación y publicación en la red que no esté sujeta a las exigencias del mercado. No caeremos en la ingenuidad de pensar que los flujos de visitas que presentan las páginas carezcan de importancia para los que escriben en la red. De la misma manera que quien ve sus obras editadas y se ve constreñido por exigencias de promoción y marketing, un internauta puede verse influido y dirigido, si no se mantiene con clarividencia en lo que realmente quiere, por índices de tránsito y ránquines de su página. Es este reconocimiento, al fin y al cabo la única compensación que tiene. Aunque, si su objetivo es claro puede ubicarse primordialmente en la calidad de lo que escribe y en el tipo de público que lo lee. Tampoco los que ven editadas sus obras están exentos de esta presión. Sus libros deben tener una salida mínima en el mercado, aunque este sea selecto, porque si no difícilmente la editorial volverá a apostar por ellos. Por eso el propio autor se ve forzado en la promoción de su obra, mediante presentaciones en multitud de librerías o centros culturales en los que uno acaba teniéndola sensación de estar vendiendo el libro. Cuando al fin y al cabo, surge una voz interior que brama ¡qué lo lea quien quiera! Estoy harto de esta parodia en la que parece que intento convencer de que lo compren y lo lean. Ahí está. Cada cual decida.

En resumen, unos son más precarios que otros puede que sí, pero muy pocos viven de sus escritos. Tiempo para la reflexión ni unos ni otros, tan solo los consagrados, cuatro gatos, que viven de escribir un libro cada cuatro años.

No pretendo dar lecciones, tan solo expresar que si algo positivo percibo en la era digital es precisamente esta oportunidad que se nos ofrece a todos, o a muchos, de poder editar en red lo que se nos antoje. Esa es la mayor compensación. Sin cortapisas.