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En esta tensión insoportable de relatos impuestos como mantras, quizás todos acabemos psicóticos delirantes que, en fases recesivas, sintamos la explosión de un cerebro que no soporta tanta contradicción en la interpretación de los hechos. Algunos incluso deseen la huida y la desconexión mental, aunque no hallen la fórmula de declarar la república independiente de su persona.