La llamada de la muerte

Tozuda y reiterativa, la parca merodea en lugares comunes que ya no podemos eludir, porque cada edad tiene sus afanes y sus porqués. Y, a pesar de que todo empeño es efímero y toda cuestión incontestable, provistos de resortes, como se nos supone, no podemos más que afrontar con la mirada alzada el reto que algún día llevará nuestro nombre. Ya que, tengamos un sentido o no para ese acontecer, sucederá, y será mejor estar listos.

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