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A cierta edad, nadie aspira a deslizarse por superficies llanas, sin trompicones y arrugadas, tan solo a que respeten el  derecho a no deslizarse por planicie alguna. Como quien ya no desea participar en las partidas de cartas, ni en las apuestas, porque siente que su interés se desvaneció y se ocupa en otros menesteres, que no son desbarrar planicies, ni manos de naipes. Acaso cuestiones de vida, de simplicidad y de muerte, que lo tengan absorbido un tiempo, hasta que comprenda para qué deslizarse por los terrenos y jugar a las cartas. Hay gente que necesita rebuscar el sentido de lo que hace. Gente para todo.